Omraam Mikhaël Aïvanhov

Pensamiento del domingo 4 de junio de 2017.

"Aquél que se esfuerza en actuar a través de su alma y de su espíritu, transforma interiormente sus dificultades y sufrimientos. Aunque no pueda hacer nada contra los acontecimientos exteriores, allí donde los demás se desaniman y se derrumban, él encuentra fuerzas, un alimento, y recibe un impulso para continuar avanzando.
No hay que someterse nunca, no hay que capitular nunca, sino intentar remediar. Y para remediar, está la oración. Nos corresponde a nosotros desplazarnos, no hay que esperar que el Señor, en su clemencia y su misericordia, venga a visitarnos. El Señor no descenderá. Diréis: «¡Pero hemos leído en las escrituras que el día de Pentecostés, el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles en forma de lenguas de fuego!» En realidad, aquél que recibe el Santo Espíritu, ya se ha elevado a las regiones celestiales donde se fusiona con la Divinidad. E incluso si ahora decimos que el Espíritu Santo «ha descendido» en él, en realidad no, es él quien se ha elevado y el Espíritu le ha llenado con su presencia. El Espíritu divino desciende en nosotros en la medida que nosotros somos capaces de subir hasta Él."