"Dios
se encuentra allí donde "dos o tres se reúnen" en su nombre y en su
espíritu. Y hay que hablar con él en su propio "cuarto", esto es, en
el "aposento tranquilo" del propio corazón" (Mateo 6, 6). Si Jesús hubiera
querido iglesias hechas de piedra, solo habría tenido que decirlo, y una
declaración como esta seguramente la Iglesia no la habría ocultado o
falsificado.
Todos nosotros podemos hablar con Dios en nuestro propio
corazón, ¿qué son entonces los edificios de la institución católica? No son casas en
las que vive Dios. En tiempos de Jesús tampoco existieron, sin
que haya Sobre esto los hombres de
Iglesia responden regularmente que Jesús habría considerado y usado
los templos y sinagogas de los judíos bajo todo punto de vista como casas
oficiales de Dios, y que la Iglesia posteriormente habría construido casas de
piedra similares. ¿Qué es el
"templo de Dios"? En el evangelio
de Juan se da la respuesta a esta pregunta, donde dice : "Mas él hablaba del templo de su
cuerpo" (Mateo 2, 21). Luego
Dios vive en él y quiere permanecer allí. Así lo transmite más tarde Pablo para todos los cristianos, cuando escribe: "¿No
sabéis que sois el templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?" (1ª Corintios
3, 16).
Pero los hombres
de Iglesia dicen de la cita de Jesús de Isaías 56, 7. "Mi casa es casa de oración; mas vosotros la habéis
hecho cueva de ladrones" (por ejemplo en Lucas 19, 46), creen
encontrar un argumento, olvidando todas las demás citas bíblicas para así
justificar las fastuosas iglesias. Aquí se trata de la comercialización
de animales para posteriores sacrificios en el templo de Jerusalén. La palabra citada por Jesús
está ligada a una situación diferente. Detrás de esto se encuentra la
visión de una casa de oración en el monte de Zion, donde muchos pueblos y
"paganos" están unidos en la oración (por ejemplo Isaías 2, 1-5).
Esta debería ser una gran sala arreglada en forma práctica.
En Isaías
tampoco se menciona un majestuoso templo con culto, arte, oro y pompa. Nada de que se deba masacrar a pueblos
extraños y robarles sus tesoros, como lo promovió, por
ejemplo, la Iglesia católica romana con los indígenas de América, cuyo oro fue
fundido y cubre por ejemplo hoy el espléndido altar de la iglesia católica en
Sevilla y otras iglesias más. Sin embargo, ni la opulencia ni el saqueo tienen
que ver algo con Dios o Jesús. De este modo San Esteban, seguidor de Jesús, cita al
profeta Isaías con las palabras: "El Altísimo no habita en templos hechos a mano, como
dice el profeta (Isaías 66, 1 -2): ´El cielo es mi
trono, Y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis?` dice el Señor;
¿O cuál es el lugar de mi reposo? ¿No hizo mi mano todas estas cosas?"
(Hechos 7, 48-51) Nosotros mismos, es decir, nuestros cuerpos, son los
"templos del Espíritu Santo", o sea, los templos de Dios, como dice
Pablo, en concordancia con Jesús, e incluso lo repite en su primera
epístola a los Corintios (según 3, 16 y nuevamente en 6, 15-19). Y así
también Jesús dice en forma simple: "El reino de Dios está en
vosotros" (Lucas 17, 21), lo que las Iglesias, para encubrir, traducen
más a su gusto con "entre vosotros". Pero el griego
"entós", del texto original griego, en primera línea significa
"en" o "dentro de".
El templo es nuestro
propio interior –esto fue los que los profetas del Antiguo Testamento y Jesús de
Nazaret aprobaban, pero no suntuosas construcciones humanas, que solo fueron levantadas aparentemente en honor de Dios,
pero en realidad sí en honor al ego humano.
Dios se encuentra en una flor, en una paloma, en un perro,
sobre una montaña, en una cueva, en la profundidad de los mares, etc.
Los sacerdotes católicos nos dice constantemente : Dios ha creado todo esto, pero no se
encuentra allí "dentro".
Podemos
ser seguidores de TODO LO QUE ES = DIOS sin ningún tipo de condicionamientos previos ni
limitaciones y así tener la libertad de poder seguir lo que decída nuestra
conciencia.