Por Syeda Farheen Naqi Mossavi
29 de mayo de 2026 - 17:34

HAFIZABAD, Pakistán - Las tensiones entre Estados Unidos e Irán no comenzaron de la noche a la mañana. Sus raíces se remontan a la Revolución iraní de 1979, pero con el paso de las décadas el conflicto evolucionó hasta convertirse en algo mucho más peligroso e impredecible.
En ocasiones, las flotas navales estadounidenses avanzan por el Golfo Pérsico; en otros momentos, nuevas sanciones refuerzan la presión sobre Teherán. La creciente participación de Israel, sus reiteradas amenazas y su retórica agresiva han añadido más inestabilidad a una región ya frágil.
En medio de esta confrontación global, la personalidad y el estilo de liderazgo de Donald Trump se volvieron imposibles de ignorar. Su enfoque político a menudo ha estado determinado por la confrontación, las declaraciones dramáticas y la comunicación cargada de emociones. Las publicaciones nocturnas en las redes sociales, los ataques sarcásticos a los opositores y las advertencias directas hacia Irán se convirtieron gradualmente en parte de los titulares internacionales.
Para muchos observadores, la preocupación nunca se limitó únicamente a la política exterior. También se trataba del temperamento, el ego y el impacto que el liderazgo impulsado por la personalidad puede tener en los asuntos globales.
El actor estadounidense Robert De Niro describió una vez a Trump como un “narcisista maligno sociópata y psicópata” que refleja la intensidad de las críticas en torno a su comportamiento público. Más allá de Hollywood, varios psicólogos y comentaristas también expresaron preocupación por las consecuencias más amplias del liderazgo centrado en la autoimagen y el dominio emocional.
El término “narcisismo maligno” fue introducido originalmente por Erich Fromm, un psicólogo nacido en Alemania que escapó de la Alemania nazi y luego estudió personalidades autoritarias, incluido Adolf Hitler. Fromm describió el narcisismo maligno como una combinación de obsesión extrema por uno mismo, agresión, falta de empatía, paranoia y un deseo poco saludable de control.
El psicólogo John Gartner estuvo entre quienes advirtieron públicamente sobre estas preocupaciones durante el ascenso de Trump en la política estadounidense en 2015. Sostuvo que una personalidad fuertemente impulsada por el ego, la impulsividad y la reactividad emocional podría volverse peligrosa no sólo para la estabilidad interna, sino también para la diplomacia y el equilibrio internacional.
Varios libros ampliaron aún más estos debates. El peligroso caso de Donald Trump reunió a psiquiatras y psicólogos que argumentaron que la conducta de Trump planteaba riesgos para las instituciones democráticas y la estabilidad pública. Otra obra, El hombre episódico, exploró la conexión entre la identidad, la estructura de la personalidad y el liderazgo político moderno.
La sobrina de Trump, Mary Trump, ofreció otra perspectiva en su libro Too Much and Never Enough. Describió un entorno familiar moldeado por la frialdad emocional, la competencia implacable y la búsqueda constante del dominio. Según su interpretación, la personalidad de Trump se desarrolló en torno a la validación, la imagen y el miedo a la debilidad.
Los críticos argumentaron que muchos aspectos de su comportamiento político reflejaban estos patrones. La humillación pública de los oponentes, la intolerancia hacia las críticas, la obsesión por la lealtad y la autopromoción interminable se convirtieron en elementos recurrentes de su imagen pública. Los partidarios interpretaron esta conducta como confianza y fortaleza. Los opositores lo vieron como una peligrosa personalización del poder.
En los últimos años, incluso la inteligencia artificial ha entrado en esta discusión. Las imágenes generadas por inteligencia artificial que retratan a Trump en formas heroicas exageradas se difundieron ampliamente en Internet. Algunos partidarios los trataron como humor inofensivo o cultura de Internet. Otros los interpretaron como símbolos de una creciente obsesión por la admiración y la autoglorificación. En la era digital, la mitología política ya no se construye sólo a través de discursos o apariciones en televisión. Se refuerza mediante algoritmos, imágenes virales e identidad en línea cuidadosamente elaborada.
La historia muestra repetidamente que cuando las personalidades narcisistas ganan un poder enorme, las consecuencias rara vez se limitan a un solo líder. Naciones enteras pueden quedar atrapadas
en ciclos de división, manipulación emocional, miedo y declive institucional. Un país puede seguir pareciendo poderoso desde el exterior mientras se debilita lentamente internamente.
El peligro comienza cuando la lealtad a un individuo se vuelve más importante que la verdad, la responsabilidad o los principios democráticos. Cuando el ego comienza a impulsar las decisiones nacionales, la destrucción a menudo se convierte en el destino del propio país.
Muchos críticos argumentan ahora que la personalidad y el estilo de liderazgo de Trump han polarizado profundamente y agotado psicológicamente a la sociedad estadounidense. El lema “Make America Great Again” fue presentado como una promesa de renovación nacional, pero los opositores creen que el país ha quedado atrapado en un clima de ira, división y fantasía política. En su opinión, Estados Unidos ya no avanza hacia la unidad o la estabilidad, sino que se adentra más en un mundo imaginario moldeado por cultos a la personalidad, conflictos emocionales y confrontaciones interminables.
La historia no siempre se derrumba en fuego y revolución. A veces se pudre lentamente, a través de instituciones debilitadas, crisis fabricadas y un ego desenfrenado a la vez.
Todo imperio del ego cae eventualmente. No importa lo ruidoso, poderoso o intocable que parezca.
La guerra de Irán lo expuso nuevamente: cuando los líderes empiezan a creer que son más grandes que las instituciones, más grandes que las leyes, más grandes que la humanidad misma, el colapso es sólo cuestión de tiempo.
Y mientras Donald Trump cae, la historia repite la misma lección brutal:
El poder construido sobre el ego siempre se destruye a sí mismo al final.
Fuente:https://www.tehrantimes.com/news/526829/Every-ego-empire-eventually-falls