Por Fatemeh Kavand
7 de febrero de 2026 - 20:37

TEHERÁN - La Unión Europea ha incluido al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI) en su lista de “organizaciones terroristas”, una medida impulsada no por realidades objetivas sobre el terreno sino por tendencias políticas occidentales. Esto ocurre a pesar del papel central del IRGC en la derrota de ISIS y el enfrentamiento con grupos terroristas en la región—, una realidad que expone los dobles estándares de Occidente a la hora de definir el terrorismo.
En los últimos días de enero de 2026, los ministros de Asuntos Exteriores de la UE reunidos en Bruselas decidieron designar al CGRI como organización terrorista, situándolo junto a grupos como ISIS y Al Qaeda. Esta decisión, adoptada por unanimidad por los 27 estados miembros de la UE, incluye congelaciones de activos, prohibiciones de viaje y restricciones a la cooperación financiera con los miembros del CGRI. Los funcionarios europeos han justificado la medida como una respuesta a lo que describen como la “represión violenta de las protestas internas” en Irán.
Sin embargo, esta decisión no se basa en una evaluación objetiva de la seguridad del papel real del CGRI en la región. Más bien, se basa en gran medida en supuestos políticos y presiones occidentales en materia de derechos humanos. Las recientes protestas en Irán y la respuesta de las fuerzas de seguridad se han utilizado como pretexto para esta medida política, mientras que otros factores subyacentes a la decisión merecen un examen más detenido.
Uno de los hechos más importantes que se pasan por alto en la descripción actual del CGRI por parte de la UE es el papel operativo del CGRI y su Fuerza Quds en la lucha contra el grupo terrorista ISIS en Irak y Siria. Después de apoderarse de grandes partes de ambos países en 2014, ISIS representaba una amenaza directa a la seguridad nacional de Irán y la de sus vecinos.
Por invitación oficial de los gobiernos de Irak y Siria, el CGRI y su unidad Fuerza Quds bajo el liderazgo del teniente general Qassem Soleimani entraron al campo de batalla. A través de una estrategia de defensa regional y en cooperación con fuerzas populares y ejércitos oficiales, lograron derrotar a ISIS en gran parte de ambos países.
Al entrenar y equipar a las Fuerzas de Movilización Popular (Hashd al-Shaabi) en Irak y a las Fuerzas de Defensa Nacional en Siria, la Fuerza Quds ayudó a formar lo que se conoció como el “Eje de Resistencia” Esta coordinación finalmente condujo a la liberación de ciudades como Ramadi, Tikrit, Faluya y Deir ez-Zor—, áreas que anteriormente habían estado bajo control de ISIS.
Además, las operaciones de misiles y drones del IRGC contra objetivos de ISIS en Siria a partir de 2017 desempeñaron un papel claro en la degradación de las capacidades operativas del grupo. Cabe destacar que los ataques con misiles de largo alcance lanzados desde el interior de Irán contra las bases del ISIS en Deir ez-Zor demostraron la determinación y la capacidad operativa de Irán para enfrentar el terrorismo internacional.
¿Cómo se convirtió ISIS en una amenaza regional y por qué intervino Irán?
En 2014, ISIS capturó Mosul —la segunda ciudad más grande de Irak después de Bagdad—, convirtiéndose en un símbolo de la crisis de seguridad en Asia occidental. A través de una violencia sin precedentes contra civiles y funcionarios gubernamentales, el grupo sembró el miedo y la inestabilidad en toda la región.
Irán consideró su participación militar y su apoyo a los gobiernos de Irak y Siria no como una agresión o interferencia extranjera, sino como un acto legítimo de autodefensa regional. El colapso de los gobiernos oficiales y el dominio de ISIS habrían planteado una amenaza directa a la propia seguridad de Irán. Mientras tanto, la presencia de Estados Unidos y los países occidentales en Irak y Siria a menudo estuvo impulsada por consideraciones basadas en intereses y, en muchos casos, no logró establecer una estabilidad duradera, sino que allanó el camino para mayores complejidades.
Por el contrario, el CGRI y la Fuerza Quds, trabajando directamente con los gobiernos anfitriones, desempeñaron un papel decisivo en la derrota de ISIS—, un esfuerzo que contribuyó significativamente a la seguridad regional y evitó un peligroso vacío de seguridad.
Al designar al CGRI como “organización terrorista”, los actores occidentales —en particular la Unión Europea— afirman basarse en criterios establecidos para definir el terrorismo. Sin embargo, el propio Occidente aplica definiciones inconsistentes y a menudo contradictorias. Anteriormente, Estados Unidos, Canadá y Australia ya habían designado al CGRI como entidad terrorista.
La principal crítica a este enfoque es que la definición de terrorismo no debería depender de intereses políticos u hostilidad hacia un país en particular. Los verdaderos grupos terroristas como ISIS y Al Qaeda se definen por la violencia deliberada contra civiles. El CGRI, por el contrario, operó en Irak y Siria en marcos de cooperación con gobiernos oficialmente reconocidos y por invitación de éstos. Esta distinción fundamental muestra que la etiqueta de terrorismo que ahora se aplica al CGRI es más un instrumento político de la política exterior occidental que una definición de seguridad coherente y objetiva.
La Unión Europea y los estados occidentales han demostrado repetidamente un claro doble rasero en sus políticas exteriores. Esta hipocresía es evidente en su manejo de las protestas internas: en países como Francia, Alemania y Estados Unidos, las fuerzas policiales a veces han enfrentado las protestas populares con fuerza y violencia, pero ninguno de estos sistemas es etiquetado como “terrorista”, incluso cuando tales acciones han resultado en muertes de civiles.
Por el contrario, cuando un país como Irán interviene —basándose en necesidades de seguridad e invitaciones oficiales— para combatir el terrorismo global, se le tilda de actor “terrorista”. Esta flagrante contradicción a la hora de definir la seguridad y el terrorismo revela que los criterios occidentales no son principios ni coherentes, sino más bien herramientas de presión política y sanciones.
Consecuencias regionales e internacionales de la decisión de Europa
La decisión de la UE de designar al CGRI como organización terrorista va más allá del simbolismo y conlleva graves consecuencias.
En primer lugar, ha intensificado las tensiones políticas entre Irán y Europa y ha desencadenado respuestas de represalia, incluida la designación por parte del Parlamento iraní de fuerzas militares europeas como grupos terroristas.
En segundo lugar, la medida puede allanar el camino para mayores restricciones a las relaciones comerciales, militares y culturales entre Irán y los países europeos. Al mismo tiempo, podría fortalecer el discurso orientado a la resistencia dentro de Irán y la región contra la presión política occidental.
En tercer lugar, la decisión corre el riesgo de romper aún más las interacciones diplomáticas y de seguridad. Irán ha enfatizado que la medida de la UE es política, instrumental y contraria a los intereses regionales, advirtiendo que podría conducir a consecuencias políticas —e incluso de seguridad— peligrosas.
Una evaluación objetiva del desempeño regional del CGRI muestra que no ha funcionado como una fuerza terrorista o desestabilizadora independiente. Más bien, ha servido como instrumento de defensa estratégica regional, desempeñando un papel decisivo —a través de la cooperación con los gobiernos de Irak y Siria— en la lucha contra grupos terroristas como ISIS. El liderazgo de la Fuerza Quds y de las unidades de movilización popular en la liberación de las zonas ocupadas por ISIS es una clara prueba de esta realidad.
Por el contrario, la definición occidental de terrorismo a menudo está determinada por consideraciones políticas, narrativas selectivas de derechos humanos e intereses geopolíticos, más que por un marco fijo y objetivo. La etiqueta que ahora aplica la Unión Europea al CGRI simboliza este doble rasero en la política internacional—, donde la seguridad y la justicia están subordinadas al interés propio en lugar de defenderse como principios universales.
En última instancia, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, a través de su papel destacado en la lucha contra ISIS, el apoyo a gobiernos regionales legítimos y la salvaguardia de la seguridad nacional de Irán, representa una fuerza con objetivos defensivos y orientados a la seguridad —no una “organización terrorista” en el sentido concreto y objetivo aplicable a grupos como ISIS. La decisión de la UE refleja la competencia política más que las realidades sobre el terreno y pone de relieve los estándares inconsistentes de Occidente a la hora de definir el terrorismo y la seguridad.
Fuente:https://www.tehrantimes.com/news/523569/IRGC-From-the-frontline-of-the-fight-against-ISIS-to-Europe-s