Por Sondoss Al Asaad
23 de febrero de 2026 - 18:23

SUR DEL LÍBANO — A medida que el Líbano se acerca a sus elecciones parlamentarias programadas para mayo de 2026, un debate extraordinario ha cobrado protagonismo: si la votación debería realizarse o no.
Lo que antes circulaban como susurros diplomáticos ahora ha sido reconocido públicamente por altos funcionarios libaneses.
Según se informa, los embajadores extranjeros en Beirut han transmitido su preferencia por posponer las elecciones por uno o incluso dos años, en espera de claridad sobre los acontecimientos regionales más amplios —en particular la trayectoria de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán–. ¡En efecto, se le está diciendo al Líbano que espere!
Para los observadores no libaneses, las elecciones parlamentarias en el Líbano no son ejercicios de procedimiento rutinarios. Recalibran el delicado equilibrio sectario del país y determinan el peso de los bloques políticos rivales.
En el centro de esta ecuación se encuentra la alianza comúnmente conocida como el “dúo chiíta” — Hezbolá y el Movimiento Amal — que juntos representan el núcleo de la Resistencia y dominan la representación chiíta en el parlamento.
Fundamentalmente, esta alianza también ocupa la presidencia de la Cámara, que durante décadas ocupó Nabih Berri.
Berri ha confirmado públicamente que los embajadores del llamado grupo Quinteto —Estados Unidos, Francia, Arabia Saudita, Qatar y Egipto— manifestaron su preferencia por el aplazamiento.
Su respuesta fue inequívoca: Berri sigue adelante con las elecciones y rechaza tanto el retraso técnico como la prórroga parlamentaria. Declaró anticipadamente su candidatura e instruyó a los miembros de Amal a presentar nominaciones, señalando que la maquinaria electoral ya está en marcha.
El argumento a favor del aplazamiento
Los funcionarios extranjeros enmarcan el aplazamiento no como hostilidad hacia la democracia sino como pragmatismo. La fragilidad interna del Líbano, la actual presión militar israelí liderada por Estados Unidos– sobre las regiones fronterizas y la delicada fase de las conversaciones entre Estados Unidos–Irán se citan como razones para evitar una contienda electoral desestabilizadora.
Estados Unidos El presidente Donald Trump hizo recientemente comentarios vagos sobre “trabajar en los problemas del Líbano”, ampliamente interpretados en Beirut como una vinculación del expediente libanés con una negociación regional más amplia.
Según se informa, el presidente Joseph Aoun y Berri recibieron mensajes paralelos de enviados franceses y saudíes alentando una extensión de al menos un año del mandato del parlamento.
La justificación: las reformas y el controvertido “archivo de armas” —abreviatura de los debates sobre las armas de la Resistencia— requieren estabilidad y continuidad, particularmente bajo el mandato del Primer Ministro Nawaf Salam.
Sin embargo, el aplazamiento es inherentemente político: las elecciones requerirían constitucionalmente la renuncia del gobierno y potencialmente perturbarían el actual acuerdo ejecutivo.
Reconstituir un gabinete similar bajo Salam podría resultar difícil, dada la oposición de múltiples bloques.
Para los actores extranjeros que priorizan la continuidad —especialmente en lo que respecta a las reformas económicas alineadas con los marcos del FMI y los esfuerzos por limitar las armas exclusivamente al Estado—, mantener el gobierno actual parece preferible.
Entre las propuestas que circulan se encuentra la activación del artículo 22 de la Constitución libanesa, que prevé la creación de un Senado una vez que se adopte una ley electoral no sectaria. Esto requeriría posponer el proyecto de nueva legislación —, una medida que podría provocar resistencia por parte de partidos cristianos cautelosos de alterar los equilibrios de poder.
Posición de la resistencia
Para la Resistencia y sus aliados, las elecciones son más que una rutina constitucional: son una prueba de legitimidad popular.
En este contexto, una notable visita de Mohammad Raad, jefe del bloque parlamentario de Hezbolá, a Berri subrayó la plena alineación. Raad afirmó que su postura electoral es “completamente idéntica” y que disputarán las elecciones juntos “en cualquier dirección”
Según se informa, Hezbolá ha decidido volver a nominar a todos sus diputados actuales —una señal de confianza organizacional.
Las matemáticas electorales refuerzan esa confianza. Los indicadores sugieren que la participación electoral chiíta puede aumentar significativamente, consolidando los 27 escaños asignados a la comunidad y potencialmente permitiendo avances en distritos mixtos.
La cooperación con el Movimiento Patriótico Libre podría ampliar aún más la influencia parlamentaria.
Desde esta perspectiva, las elecciones no son un riesgo sino una oportunidad para reafirmar el dominio y preservar la presidencia — un puesto central en las agendas legislativas y las negociaciones nacionales.
Realineamientos sunitas y señalización saudí
Al mismo tiempo, la arena política sunita ha experimentado un movimiento notable.
El 21o aniversario del asesinato del ex primer ministro Rafic Hariri reveló una renovada movilización en torno a Saad Hariri. Su regreso a Beirut después de años de ausencia recalibró las expectativas electorales, particularmente en regiones como Akkar y Trípoli.
En este contexto, un iftar organizado por el diputado Mohammad Suleiman en Wadi Khaled en honor al embajador saudí Walid Bukhari adquirió importancia política.
El evento —según se informa solicitado por el embajador— fue ampliamente interpretado como un mensaje de que Arabia Saudita puede participar directamente en bastiones sunitas tradicionalmente alineados con Hariri.
La lista de invitados cuidadosamente seleccionada y las imágenes tribales simbólicas sugirieron esfuerzos para remodelar los equilibrios sunitas independientemente del paraguas del Movimiento Futuro.
La reacción pública fue mixta: los críticos denunciaron la extravagancia percibida en medio de las dificultades económicas de Akkar, mientras que otros reafirmaron su lealtad a Hariri.
Las posteriores apariciones públicas del embajador, incluidas oraciones de alto perfil en Trípoli, reforzaron las impresiones de una señalización política coordinada.
Para Riad, el desafío es complejo. Si bien busca continuidad en el gobierno para avanzar en los archivos de armas y reformas, el duradero apoyo popular de Hariri complica los esfuerzos por cultivar un liderazgo sunita alternativo.
Los informes sugieren la vacilación del Golfo Pérsico a la hora de financiar fuertemente las campañas en medio de resultados electorales inciertos.
¿Conferencias internacionales para apoyar al ejército?
El ejército libanés, bajo el mando del comandante Rudolf Haykal, también ha buscado un respiro, informando a los diplomáticos extranjeros sobre la necesidad de tiempo para completar misiones delicadas vinculadas a la seguridad interna y el desarme.
Las conferencias internacionales para apoyar al ejército resaltan cómo la seguridad, la reforma y las elecciones están cada vez más entrelazadas.
En última instancia, el debate sobre el aplazamiento expone la vulnerabilidad estructural del Líbano: los plazos constitucionales siguen enredados en cálculos regionales e internacionales.
Un retraso indicaría que los procesos democráticos internos están subordinados a las negociaciones externas. Por el contrario, proceder con elecciones reafirmaría la normalidad institucional pero podría alterar el equilibrio que los actores extranjeros buscan preservar.
Para el dúo chiíta y el bando más amplio de la Resistencia, las urnas en sí se han convertido en una forma de afirmación política — un medio para asegurar el liderazgo parlamentario y reafirmar la legitimidad popular en medio del flujo regional.
Para las potencias externas, el aplazamiento ofrece paciencia estratégica y continuidad.
Que el Líbano vote en mayo de 2026 o entre en un nuevo ciclo de extensión dependerá menos de la logística que de la voluntad política —tanto dentro del país como más allá de sus fronteras.
Lo que está en juego no es sólo la composición del próximo parlamento, sino la cuestión fundamental de quién determina el calendario político del Líbano: sus ciudadanos o las capitales que observan desde lejos.
Fuente:https://www.tehrantimes.com/news/524150/Lebanon-s-2026-elections-on-a-tightrope-Domestic-legitimacy