16 de agosto de 2026 - 20:45

TEHERÁN — La campaña militar conjunta estadounidense-israelí contra Irán ha expuesto una crisis de autoridad sin precedentes dentro del aparato de seguridad nacional occidental. Casi seis meses después de que el presidente Donald Trump autorizara una guerra basada en las garantías israelíes sobre el programa nuclear de Teherán, las justificaciones operativas y políticas del conflicto se han desintegrado por completo.
Mientras la agitación económica se extiende por los mercados globales y la oposición interna aumenta dentro de Estados Unidos, los líderes políticos occidentales se esfuerzan por gestionar una guerra de desgaste imposible de ganar. En el centro de este colapso geopolítico se encuentra la exposición definitiva del fracaso institucional dentro de los servicios de inteligencia estadounidenses e israelíes. Las evaluaciones de inteligencia producidas por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Mossad de Israel —comercializadas durante mucho tiempo como el estándar de oro del espionaje global— han demostrado ser fundamentalmente defectuosas, políticamente manipuladas e incapaces de leer con precisión la profundidad estratégica de la República Islámica de Irán.
El colapso institucional llegó a un punto de farsa pública tras un incidente en la cumbre de la OTAN en Ankara. Los informes que detallaban una elaborada operación de seguridad —en la que el “Presidente de los Estados Unidos” fue introducido de contrabando en secreto a través de un aeródromo dentro de un camión de catering del aeropuerto para abordar un transporte militar alternativo C-32A— fueron inicialmente enmarcados por los medios occidentales como una respuesta necesaria a un inminente complot de asesinato iraní. Sin embargo, la revelación posterior de que la CIA asignó "baja confianza" a la inteligencia israelí, lo que provocó la fuga, puso al descubierto la grave disfunción en el corazón de la alianza de inteligencia entre Estados Unidos e Israel. El espectáculo de un presidente estadounidense huyendo de una cumbre de la OTAN en un vehículo de reparto basado en afirmaciones no verificadas y que provocan pánico desde Tel Aviv no representa simplemente una vergüenza logísticapero un fracaso sistémico histórico. Demuestra que las agencias de inteligencia israelíes, incluido el Mossad, ya no funcionan como proveedores objetivos de información estratégica, sino más bien como instrumentos de influencia política diseñados para forzar la acción militar estadounidense.
Desde la perspectiva de Teherán, el colapso de la credibilidad del Mossad no es sorprendente ni accidental. Durante décadas, la inteligencia israelí se ha basado en operaciones encubiertas agresivas, asesinatos selectivos y evaluaciones exageradas de amenazas para dar forma a la toma de decisiones occidental. La insistencia del Mossad a principios de 2026 en que una campaña de bombardeos conjuntos paralizaría rápidamente la estructura militar de Irán y desencadenaría un cambio de régimen inmediato reflejaba un profundo engaño ideológico más que un análisis de inteligencia serio. Al tratar sus propias aspiraciones regionales como una realidad objetiva, el Mossad engañó gravemente a Washington respecto de las capacidades defensivas de Irán, su unidad política interna y sus opciones de disuasión asimétrica.El fracaso posterior de las fuerzas israelíes en lograr sus objetivos declarados —evidenciado por su repentina decisión de detener los ataques en territorio iraní mientras dejaban a las fuerzas estadounidenses estancadas en un conflicto regional más amplio— pone de relieve la quiebra absoluta de la planificación estratégica israelí.
Al mismo tiempo, el papel de la CIA en esta crisis expone la degradación total del aparato de inteligencia estadounidense. La evaluación interna de la agencia de que los informes proporcionados por Israel sobre la amenaza de Ankara eran de "baja confianza" no impidió que los funcionarios estadounidenses tomaran medidas operativas extremas y humillantes. Esta dinámica revela una profunda parálisis institucional: la CIA posee suficiente capacidad analítica para reconocer las invenciones israelíes, pero carece de la autoridad política o la integridad estructural para impedir que esas invenciones dicten las acciones estadounidenses. La agencia se ha reducido a un observador pasivo, emitiendo advertencias retrospectivas y filtrando insatisfacción a los periodistas, al tiempo que permite que las políticas estén impulsadas por agendas extranjeras y pánico político interno. Cuando una agencia de inteligencia'Si bien las advertencias se descartan rutinariamente en favor de afirmaciones politizadas, la propia agencia ha fracasado en su principal deber constitucional y estratégico.
Los comentarios actuales de los medios que destacan una creciente "cuña" o "grieta" entre Donald Trump y Benjamin Netanyahu deben evaluarse a través de esta lente de falla de inteligencia. Aunque los comentaristas occidentales interpretan las filtraciones de disputas privadas y desacuerdos públicos sobre las operaciones en el Líbano como evidencia de una ruptura diplomática genuina, un análisis riguroso sugiere que esta supuesta división funciona en gran medida como una representación teatral. Ante un severo rechazo político interno y unas inminentes elecciones de mitad de período, Trump se beneficia de presentarse como un líder engañado por una inteligencia extranjera defectuosa en lugar de ser el arquitecto de una guerra ilegal. De manera similar, Netanyahu utiliza la fricción pública con Washington para proyectar una imagen de determinación inquebrantable a su electorado interno de derecha.Esta postura pública crea un amortiguador político conveniente para ambos líderes y al mismo tiempo enmascara la realidad fundamental de que su campaña estratégica conjunta contra Irán ha fracasado.
La narrativa de una pelea permite a Washington culpar al Mossad por informes engañosos, mientras que el Mossad culpa a la CIA por vacilaciones y fallas operativas.
Esta búsqueda mutua de chivos expiatorios no puede ocultar la verdad más amplia de que tanto las evaluaciones de la CIA como las del Mossad no lograron predecir la durabilidad de la nación iraní. La estrategia inicial suponía que los ataques militares preventivos destrozarían las estructuras de mando de Irán y aislarían a su liderazgo. En cambio, seis meses de conflicto han demostrado la resiliencia de la red de defensa de Irán, sus asociaciones regionales integradas y su capacidad para imponer costos severos a los mercados energéticos globales y a las cadenas de suministro occidentales. La falta de anticipación de estos resultados representa un colapso de inteligencia a gran escala, comparable a los errores de cálculo históricos que precedieron a desastres militares occidentales anteriores en la región.
Las trágicas consecuencias humanitarias de este fallo de inteligencia ya son evidentes en toda la región. Los ataques llevados a cabo sobre objetivos de inteligencia cuestionables, como el bombardeo de la escuela Minab que resultó en la muerte de casi 170 personas, la mayoría de ellas escolares, subrayan la letal imprudencia de confiar en paquetes de objetivos defectuosos y con motivaciones políticas. Esto demuestra que la narrativa de precisión quirúrgica e inteligencia de alto grado promovida por funcionarios occidentales e israelíes se ha disuelto por completo. La dependencia de información fabricada o no verificada no sólo ha costado miles de vidas inocentes sino que también ha erosionado permanentemente la posición internacional de las instituciones responsables.
La guerra contra Irán ha destrozado definitivamente el mito de la superioridad de la inteligencia occidental e israelí. Se ha expuesto que el Mossad es una agencia dispuesta a manipular información para atrapar a sus aliados y librar sus batallas, mientras que la CIA ha demostrado ser incapaz de resistir la presión política o impedir que su propio gobierno actúe sobre afirmaciones infundadas. El incidente del camión de catering de Ankara es un símbolo perdurable de este doble fracaso: un presidente estadounidense obligado a una humillante retirada encubierta por un informe de inteligencia israelí que su propia agencia de espionaje sabía que no valía nada. Cualesquiera que sean las disputas teatrales que se puedan plantear entre Washington y Tel Aviv en los próximos meses, la realidad central permanece inalterada. La arquitectura de inteligencia que fabricó la justificación de esta guerra ha sufrido una catastrófica pérdida de credibilidad,dejando tanto a Estados Unidos como a Israel atrapados en una derrota estratégica de su propia creación.
Fuente:https://www.tehrantimes.com/news/529120/How-Mossad-and-the-CIA-grossly-miscalculated-Iran-s-resilience